Dec
16
2019

La improvisación no existe… ¡es fruto de tu imaginación!

Somos hispanos. Desde chicos nos han vendido que improvisamos muy bien, que hacemos las cosas sin pensarlas de antemano, pasionales, de sangre caliente, anárquicos, capaces de lo mejor y lo peor, pero… te voy a confiar un secreto la improvisación no existe ¡es fruto de nuestra imaginación colectiva!

improvisar

No es un engaño de clickbait, no es un titular llamativo para captar tu atención. Tampoco pretendo romper la única habilidad positiva mundialmente reconocida por el mundo anglosajón hacia nosotros, los hispanos, no quiero acabar con la improvisación, pero es que la improvisación no existe.

Analizando mucho el tema he llegado a la conclusión de que los árboles no nos dejan ver el bosque, que confundimos el discurso con las palabras elegidas, que confundimos lo que quiero contar y cómo lo quiero contar, con la ejecución final que hago de ello y aquí es donde está el error.

 

Nada se improvisa


Un discurso, un elevator pitch, una presentación, una declaración de amor, … no se improvisan. Se piensan, se planifican, se repasan, se recorren cada uno de sus pasos en la mente y en voz alta para ver que todo funciona, no se dejan al azar. Sin embargo, las palabras que utilice, los giros que finalmente exprese dependerán del momento, del lugar, de cómo me encuentre y aquí es donde confundimos improvisar.

No saber que palabras vas a decir, no saber si vas a usar dijo, habló, comentó, relató, susurró, o cualquier verbo que se te ocurra, no es improvisar, es darle frescura al discurso, es no llevarlo enlatado y aprendido de memoria de antemano. Saber que tengo que decir en cada momento y cómo narro la historia y cómo debo conducirla hasta un desenlace donde se aprenda la anécdota que quiero no se improvisa, se trabaja y mucho.

¿Por qué algunas personas lo hacen casi de inmediato que parece que improvisan?

 

Como Usain Bolt…


Es como si a Usain Bolt le pidiéramos de pronto que corriera, lo haría rápido, más rápido de lo que nunca hubiéramos visto, pero pese a tener una capacidad natural prodigiosa lo que vemos realmente es el resultado del entrenamiento y esto aplica a cualquier faceta.

Cuando estás acostumbrado a dar charlas tienes claro qué necesitas preparar, te has preparado muchas veces, tienes anécdotas en la cabeza para explicar conceptos, has aprendido a enlazar respuestas de forma rápida, has entrenado tu forma de expresarte, no estás improvisando estás demostrando el resultado de un entrenamiento.

No estás improvisando, estás demostrado el resultado de un entrenamiento.


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Hablar de algo sobre lo que conoces mucho sin preparación previa no es improvisar, tu cerebro ha aprendido a hacerlo de forma automática. En un estudio clásico los grandes maestros de ajedrez demuestran como son capaces de recordar la posición de las fichas de un tablero de ajedrez viéndolas únicamente durante 5 segundos. Impresionante, ¿no? ¿Memoria prodigiosa? No. El secreto está en que son capaces de hacerlo sólo si las posiciones son reales, si las posiciones son imposibles de recrear en una situación real de juego son tan malos recordando con el resto de nosotros. Han aprendido a memorizar lo que han entrenado durante tantas horas, el resto no.

El entrenamiento marca la diferencia. Y como puntualizaría el profesor Anders Ericsson y el entrenamiento dirigido mucho más.
 

Entrenando el cerebro


Y marca tanto la diferencia que el entrenamiento hace que pasemos de ser conscientes de lo que realizamos a que lo hagamos de forma más eficaz y rápida. Como diría Daniel Kahneman, el entrenamiento hace que pasemos del Sistema 2 (consciente, lento y pesado) al Sistema 1 (inconsciente, rápido y poco costoso). Y como el Sistema 1 es inconsciente, no nos damos cuenta de hacerlo, parece que lo hacemos sin querer. Confundimos entrenamiento con improvisación.

Como diría Harold Wilson:

Preparar un discurso de diez minutos me cuesta dos semanas; un discurso de una hora, una semana, y un discurso de dos horas lo puedo improvisar en cualquier momento

Cuando tengo que asegurarme que la gente entienda lo que quiero decir no puedo improvisar. Entrenar puede conseguir simular que estamos improvisando, porque las horas de entrenamiento se notarán. Y se notarán en nuestra soltura, en la rapidez con la que acuden a nuestra mente (sistema 1) las ideas para engarzarlas unas con otras. Pero piensa que sólo lo harán si entrenas.

Improvisar está sobrevalorado.

Improvisar no existe… ¡es fruto de tu imaginación!

 

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